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viernes, 26 de octubre de 2012

Sensación en momento determinado


Tengo sensación de odio.

Repetidas veces ese eco que se pronuncia en los días en que (no) soy o soy a medias tintas. Eco alrededor, una masa que se aleja en el olvido, en la mala impresión o en el odio mismo.

Entonces hay pánico y furia. No es destructivo, no hay objetos romperse en el aire. Hay trozos de vida despedazándose en el vientre. Pánico y remover con un dedo el concentrado invisible del ombligo.

Odio alrededor. Proyección de odio. Desaparecer y desearlo. 

martes, 10 de enero de 2012

NOs conocemos


A éste lo conocen pocos porque cada día lo arrastra el mar creando un bucle de vida renovada por la sal. Yo conozco que ama y odia la paradoja dejando el ahora aquí el ahora allí. Sé que adoraba la ficción y que se perdió. Ahora adora la realidad y la hace ficción y también se pierde.  

Él es de nieve, sus brazos son fuertes y sus rizos flexibles pero él no es fuerte ni flexible si a caso un manojo de llaves caído al suelo, un estruendo, o el sonido de la implosión; hacia dentro, la caja cerrada con llave y tirada al pozo del que a veces hablo.
Roído por el recuerdo o por lo que tiene que venir intentará terminar el puzzle donde las piezas que faltan se fueron por su conducto estomacal hasta llegar al retrete.

Ese me dirá lo que sé y lo que sea dicho me lo dirá sin más y se esparcirá con la rabia, se diluirá lentamente, por el cuello, luego por el cuerpo abarcando la forma de embudo pasando por las caderas hasta llegar a los tobillos. Hasta tal punto punto que pueda olerse en este autobús repleto de gente.

Descubro y abro cerebros en mañanas empañadas de enero. Decir “soy así” es como aporrearse uno la cara con agua, eso es, un gesto invisible, somos la mano en la cara que pega y que nos sorprende.

martes, 15 de noviembre de 2011

Pequeña autobiografía onírica


No sé que me pasa últimamente que por las noches sueño mucho, tanto si duermo somníferamente como si padezco insomnio intermitente.
Sueño con imágenes vívidas, tan vívidas que incluso puedo llegar a confundir levemente aspectos de mi realidad con el mundo imaginario que me aguarda por las noches. A veces, durante la vigilia, pregunto a mi alrededor cosas como: Si hombre, si me dijiste aquello…. o No te acuerdas que tú… A lo que las personas a las que me dirijo me miran con extrañeza ante mis “invenciones” (para ellos así lo son) y es cuando les digo Ay, quizá lo he soñado. Tal es así que se ha vuelto una coletilla casi enfermiza e impermeable en mi mar dialéctico.
Ahora tengo una nueva libreta donde apunto los recuerdos de mis sueños para así evitar las mayores confusiones posibles (que no son tantas); y digo recuerdos porque narrar un sueño completo no es una tarea apta para el estado consciente.

La mayoría de veces sueño en color, predominando el azul sobre el negro o lo oscuro, y el negro predominando sobre la tipología restante; aunque a veces no recuerdo los colores porque se asemejan demasiado a la realidad.

12/09/11. Las paredes tienen unos tonos azules increíbles, aquí un tono azul marino, aquí un tono azul turquesa. Entro en el baño nerviosa esperando algo. El baño, a diferencia de la decoración modernista que envuelve el edificio entero, es de diseño moderno, muy minimalista y diminuto. Alguien me tiene que llamar. Se lo digo a mi amiga Marisa y le cuento que me tiene que llamar Pedro, la primera persona que me dejó. Saco el móvil. Le digo a mi amiga que es nuevo porque tiene Internet pero en apariencia es muy antiguo, incluso tiene la pantalla en blanco y negro. De todas formas a mí me gusta.
Vuelvo a concentrarme en la llamada esperada, bajo las escaleras y me lo encuentro allí, rozándome con su hombro en un rellano estrecho.

Muchas veces tengo sueños oscuros, viscerales o misteriosos en los que sólo aparezco yo pero siempre hay otro que intenta hacerme algún daño o viceversa. Sueños de sangre o de agitación psicológica en lo oscuro.

10/09/11. Podría estar en un bosque totalmente a oscuras de no ser por la luz tenue de la luna. En medio del bosque pasa una carretera. Yo me mueve entre el bosque y la carretera, de todas formas en paisaje no está bien definido. Sólo puedo verme a mí con los ojos muy abiertos, asustada y preocupada porque tengo la sensación de que alguien quiere atraparme. No paro de moverme de un lado hacia otro, huyendo de aquello que me persigue hasta que siento una desesperación inmensa por despertarme y es entonces cuando entro dentro de un sueño en el mismo sueño y tumbada en la cama intento despertarme con el dedo índice y pulgar a modo de pinza para separar el párpado de un ojo y así abrirlo. En este sueño estoy igualmente a oscuras y vuelvo a sentir la intranquilidad de alguien que me persigue para hacerme daño. Puedo notarlo cada vez más cerca, cada vez más…hasta que siento su mano en mi brazo. Quiero chillar de pánico para que alguien me ayude a poder despertarme. Estoy aterrorizada porque estoy convencida del mal que me aguarda. Me despierto de golpe (esta vez de verdad) con la sensación de no querer volver al sueño, de no querer volver a la muerte.

Otras veces mis sueños adquieren ya no un matiz narrativo sino más bien un matiz sensitivo. Me explico: el punto central del sueño es el tacto o la audición. Me he despertado innumerables veces con la sensación de una caricia o de un beso o con el eco de algún sonido que permanecía en mi sueño, normalmente un grito o una voz muy alta.  

22/07/11. Estoy durmiendo y me besas como sueles hacer, dulce y tranquilamente. En ese instante me percato levemente de tus labios y los resigo con la comisura de los míos hasta que caigo en el beso correspondido. Es un momento ínfimo pero hace que me despierte a medias y, entre ese paréntesis que va de lo irreal a lo real, pienso en la posibilidad de que me hayas secuestrado o de que hayas llamado a la puerta de mi casa para tumbarte junto a mí y despertarme con tus suaves labios. Me despierto definitivamente, aún con la imagen vívida de tu media sonrisa al entreabrir los ojos y con el calor de tu cuerpo tendido junto al mío. Pero no estás y eso es algo triste.

Hasta aquí los en los sueños ejemplificados interactúo con personas conocidas aunque en ningún momento las he nombrado aquí, a excepción del primer ejemplo, en que he cambiado los nombres reales por nombres ficticios. No obstante, hay a veces en que me sorprendo de las personas que salen en mis escenarios oníricos, personas conocidas con las cuales no he hablado nunca o personas que directamente me invento. Como la vez en que ayudé a recoger un punto del libro a una chica que he visto solo tres o cuatro veces o cuando me encontraba en un autobús con un conflicto entre morenas y rubias, todas desconocidas, que no paraban de insultarse.

De todos modos, esto no es lo más extraño. Lo más extraño es cuando duermo, sueño y dentro del sueño, sea donde sea donde me encuentre, siento la pesadez de la somnolencia, es decir, me duermo dentro del sueño de una manera casi narcoléptica con lo que la narración onírica se ve interrumpida por mi “desfallecimiento” y la lucha por intentar levantarme y seguir con el sueño.

He tenido más sueños pero no quiero extenderme. Con todo, a veces me pregunto si los sueños me guían o me hacen pensar de una determinada manera para actuar o si todo son residuos a posteriori de recuerdos, memorias, aprendizajes o deseos (de todo lo que nos envuelve), es decir, como cita Siri Husvedt en “Elegía para un americano”: “Los sueños son una parca síntesis del mundo que nos rodea”.
Algunos teóricos como Freud o el psicoanálisis mismo han intentado comprender el mundo onírico como respuesta a aquellos deseos o miedos que están reprimidos pero en la realidad, nadie sabe exactamente de donde provienen los sueños y qué función tiene el subconsciente/inconsciente, convirtiéndolo en la incógnita estrella de nuestro cerebro.

A mí me gustaría pensar que los sueños son como una especie de ejercicio mental que desarrolla la imaginación consciente de una manera más vívida o, todo lo contrario, que es la imaginación consciente la que consigue las imágenes que pueden llegar a ser casi alucinatorias en los sueños. De ahí mi teoría del vínculo sueño-imaginación que también puede ir ligado a otras actividades como a una la memoria y el aprendizaje.

No se si nada de esto es cierto, de lo que pienso o se dice sobre los sueños, pero eso me enseñaron ellos: todo puede ser una invención absurda y delirante. 

domingo, 18 de septiembre de 2011

Domingo


Está en la ventana. Si la miráis parece la típica imagen poética o la típica imagen absurda de alguien que piensa mientras ve caer las gotas de lluvia. Tiene la cabeza embotellada de la noche anterior y el tiempo -no el que corre y se detiene- se asemeja a su estado de ánimo: gris, lluvioso y denso haciendo de él una compañía inefable.

Sería un domingo cualquiera si no fuera por las preguntas sin responder que la acompañan, por la incertidumbre de no saber donde está. Gota tras gota, no sabe por qué sus interrogantes tienden hacia el descenso.

Ecos de una llamada telefónica sin respuesta resonándole en la cabeza…

Gotas y una voz que no se oye. 

lunes, 11 de abril de 2011

A veces parece

que estamos en el centro de la fiesta
Sin embargo
en el centro de la fiesta no hay nadie
En el centro de la fiesta está el vacío
Pero en el centro del vacío hay otra fiesta
(Roberto Juarroz)


Abismo. Filo de aguja en el que asomarse aún sin punzarse. Atisbo del abismo propiciando el antecedente del dolor. O sentir el sufrimiento sin formar parte de él. Abismo es aquello en lo que caemos aún sin caernos. Lo que el ojo percibe en su mirada de vacío abisal.
Sometido al abismo, comprendiendo aún sin reconocerse. Ahora lo sabe porque nunca se lo han dicho. Ahí mismo, al filo del abismo por todo aquello que importa, por nada en concreto. Sintiendo muerte en vida, vida en muerte: abismo.
No. Abismarse es un verbo constructivo. Se abisma y se expira en el vacío para volver a ser alguien en tierra firme y lanzar un suspiro a modo de prólogo.


(*inspirado por "Exploradores del abismo" de E.Vila-Matas)

miércoles, 12 de enero de 2011

Con lo que quiero decir, me refiero a esto:


Generalmente ocurre cuando uno siente que lo va perdiendo todo, de tan lleno que se siente. Me refiero más o menos a cuando acaba el día y todo se vuelca sobre uno mismo. Pero no es exactamente eso. Podríamos llamarlo fin pero yo prefiero llamarlo retirada difícil. Y digo difícil porque uno no es consciente del cúmulo que sospesa hasta que le empieza a doler una pequeña zona del cráneo. Luego viene una auto-mirada de soslayo y disimuladamente uno empieza a escribir.

Es decir, cuando pequeñas explosiones se abren paso.

miércoles, 5 de enero de 2011


Se oyen primero como un chirrido agudo, luego resuenan y hacen vibrar el suelo. Parecen cerca, luego lejos; rápidos y veloces como un remolino o lentos, pesados, cabreados de tanto pesar que se quedan exhaustos de un plumazo... La vida dicen, la vida y más pedazos de lo mismo que no es nada así que a andar con ellos. Eso es la vida. Y caminar puestos de orgullo o decepción pero finalmente ¿qué queda? pues eso: andar, seguir progresando con este resueno que no percibimos, que obviamos y que, a pesar de ello, nos acompaña siempre siempre hasta que nos detenemos. Es en este momento, cuando ya no queda eco prolongado sino silencio. Ratos detenidos e inmutables. Porque no me creo yo que avancemos en el tiempo mientras estamos quietos ¿para qué? sería obtener un punto menos por ausencia de justificación.
Seria algo así como no tener vida o, lo que es lo mismo, ocultarse en el no-intento.

martes, 12 de octubre de 2010

Tú, vieja compañera

Buscando y poniendo en orden algunos documentos que creí perdidos me he topado con algo que escribí y que, al releerlo ha adquirido una nueva forma en mi memoria:

Es la fuerza del reinicio.

Tú, que me convertiste en razón de ser, viniste, te fuiste y volviste como un viajero extraviado.
Tú, que estuviste cuando todavía yo no era. Antes, en forma de amor y odio estereotipado, en forma de nubes que rimaban con coches, de innocencia y de causas perdidas de porque si, de porque no.
Tú, que cuando te fuiste para volver me dejaste dentro de una habitación con cuatro paredes blancas, sin un rumbo fijo, en una sucesión de instantes ininteligibles llenos de sandeces y de questiones sin resolver, ahogada en charcos de caminos sin indicaciones.
Tú, que de repente vuelves a mi, me conviertes en la persona que ahora mismo soy o almenos en lo que no era. En una esencia innata, de colores vivos en cuadros desmesurados, de trazos fuertes, alejados de cualquier extrañeza y a la vez dotados de ella, de aventuras irreales y de conceptos insistentes.
Tú, que volviste y ahora estás, que me haces ser, estar completamente plena, consciente en este mundo que no es de nadie.
Tú, que ahora me cedes un rincón de este perímetro infinito para hacer lo que me plazca.
Tú, que eres persona, un soplo de aire frío, una visión desde las alturas, una canción, una sensación....que no tienes nombre...
Eh, Tú! Desaz la maleta y quedate aquí.



Para acompañar este reincio, un gran trompetista: