jueves, 8 de septiembre de 2011

El existencialista

Yo tengo derecho a existir, luego tengo derecho a no pensar; el dedo se levanta. ¿Acaso voy...? ¿Acariciar entre las sábanas blancas desplegadas la carne desplegada que cae otra vez, dulce, tocar los trasudores florecidos de las axilas, los elixires y los licores y las fluorescencias de la carne, entrar en la existencia del otro, en las mucosas rojas, hasta el pesado, dulce olor de existencia, sentirme existir entre los dulces labios mojados, los labios rojos de sangre pálida, los labios palpitantes que bostezan todos mojados de existencia, todos mojados de un pus claro entre los labios mojados, azucarados, que lagrimeas como ojos? Mi cuerpo de carne que vive, la carne que bulle, da vueltas, vueltas, vueltas, el agua dulce y azucarada de mi carne, la sangre de mi mano, me duele mi carne magullada que da vueltas, camino, camino, huyo, soy un innoble individuo de carne magullada, magullada de existencia entre estas paredes. 

Jean-Paul Sartre

jueves, 25 de agosto de 2011

Metaescritura personal


Arranque de expresión,
especie de dicción lagrimal.

Puse una diagonal azul
sobre negras palabras;
guarnición de mi mano encarnada

Abrí una grieta;
una mano, un pie....
la laxitud de mi cuerpo penetrado
en una grieta renqueante

Fui repetidas veces
aquel oscuro tras de mi.

jueves, 11 de agosto de 2011

Huecos

Huecos
días y días
entre huecos
y pasan más huecos

Todo sucede en tus largas pestañas
y en cada punta negra
fonemas invisibles
obstruidos por el pestañeo

Y más huecos
ecos resonantes
sobre tu suave refugio
que aguardan mis huellas dactilares

Nada más que tocarte
Nada más que te comes
mis grandes palabras

Silencio.
Espacio.
Silencio.


Una única mirada.

Huecos, pestañas y silencio
en cada rastro.

Ahí reside la razón
de mi ausencia.

miércoles, 3 de agosto de 2011

miércoles, 27 de julio de 2011

Claridad sin descanso


Esta es la edad de hierro en la garganta. Ya.


Te habitas a ti mismo pero te desconoces; vives en una
bóveda abandonada en la que escuchas tu propio corazón

mientras la grasa y el olvido se extienden por tus venas y

te calcificas en el dolor y de tu boca

caen sílabas negras.


Vas hacia lo invisible

y sabes que es real lo que no existe.

Retienes vagamente tus causas y tus sueños

(aún conservas el olor a los suicidas).

te alimentan la ira y la piedad.

Queda poco de ti: vértigo, uñas

y sombras de recuerdos.

Piensas la desaparición. Acaricias

la tiniebla cerebral, bajas al hígado calcinado por la tristeza.


Así es la edad de hierro en la garganta. Ya

todo es incomprensible. Sin embargo,

amas aún cuanto has perdido.


Antonio Gamoneda. Arden las pérdidas (2003)

lunes, 18 de julio de 2011

Fluir


Alguien me dijo: "Tú fluyes".
Yo dije: "Fluyo como la poesía"


Fluyo al instante
alzo los brazos
propago corrientes acuosas

Proyecto en dos direcciones
arriba, abajo
en una vertical
mis pies tocando el suelo

Confluyo al fin
en otras corrientes
con otras corrientes

Quiero decir desemboco
en lugares inciertos

viernes, 8 de julio de 2011

El Grito


En el anclaje de la inconsciencia
piel escarchada
ojos cerrados como huevos,
nadie dijo que fuera vida

Gritas mi nombre

Resurrección desesperada
de mi callado
pienso en un grito
que no oigo

Gritas mi nombre

Acostada
en esta opacidad
la cáscara rompiéndose
amaneciendo un nuevo día que no es

Gritas mi nombre,
se te escapa desalentador

Nadie dijo que fuera vida.